Tips & Consejos

Éstos son algunos tips, sugerencias y consejos que fuimos recolectando en los últimos años y que pudimos comprobar que pueden ayudar a que viajemos más relajados. Esto no significa que tengan un efecto garantizado, simplemente los compartimos porque a nosotros nos sirvieron:

 

  • Subir último al avión

    Este consejo nos lo dio la Lic. Liliana Aróstegui, en 2008, cuando participamos del curso “Alas & Raíces”. Comprobamos que subir a lo último, cuando todos los pasajeros ya se acomodaron en sus lugares, ayuda a acortar el tiempo de espera antes del despegue que, por lo general, es de mucha ansiedad. De esta manera, si somos los últimos en subir, quedarán apenas entre 10 o 15 minutos para acomodarnos en nuestro asiento, ponernos el cinturón y disponernos para el despegue.

    Importante: Una vez, en Buenos Aires, una señora de unos 70 años perdió el avión por seguir este consejo. Quiso distraerse y entró al Duty Freeshop y no escuchó cuando la llamaron por altavoz. El resultado fue contrario a lo que buscaba: tuvo que ir a hablar con el personal de la aerolínea que la ubicaron en el vuelo siguiente, pero tuvo que esperar tres horas más. Por lo que la tranquilidad que había ganado al distraerse con los perfumes del freeshop se evaporó enseguida.

  • Presentarte al personal de tripulación que nos recibe en el avión y explicarle que tenemos miedo a volar.

    Esto nos resultó muy efectivo con aerolíneas como LATAM y Aerolíneas Argentinas, que tienen personal especialmente capacitado para asistir a personas con miedo a volar. No resultó eficaz, en cambio, con personal de Delta Airlines y American Airlines.

    • Cómo hacerlo: al subir al avión, preguntarle a la azafata que te recibe si tiene dos minutos (seguramente te dirá que sí) y ahí explicarle que estás haciendo un esfuerzo enorme para volar y que tenés mucho miedo, y que le agradecerías si pudiera comunicarte en caso de turbulencias o que surgiera algún problema. En estos años, no pasó jamás que se nos acercaran a decirnos: “estamos por pasar por una tormenta, se terminó la calma”. Pero sí nos hemos ganado algunas sonrisas, unas palmadas en el hombro e incluso, en un vuelo de Miami a Buenos Aires, nos han dejado una manta extra y un chocolate, que fue casi como decirnos “lo estás haciendo bien”.
  • Preparar la valija como mínimo 5 días antes.

    La ansiedad puede ser nuestro peor enemigo y si se te junta el nerviosismo por preparar la maleta con el estrés del vuelo, terminaremos al borde de un ataque de nervios. Sentir que ya está todo organizado y preparado, te ayudará a bajar el nivel de estrés y sentirás que sólo tienes que ocuparte de descansar todo lo posible y relajarte para el viaje.

  • Incluir todo lo que necesites en tu bolso de mano, cartera o mochila.

    Después de despachar tu equipaje, posiblemente te queden entre dos horas o más (en vuelos internacionales) o una hora aproximadamente (en vuelos de cabotaje). Organiza tu bolso con todo lo que necesites. Recuerda llevar varios ziplocs (o bolsas de plástico transparente), ya que en algunos aeropuertos no permiten subir con bolsitos opacos que no permitan ver su contenido. Evita cualquier situación que pueda ponerte nervioso. Por ejemplo, si vas preparado para escuchar tu playlist favorita mientras esperas embarcar y de repente te das cuenta que los auriculares te quedaron dentro de la valija, además de ponerte de mal humor y nervioso, se te hará mucho más larga la espera.

  • Llevar tu medicación, si es que tomas alguna, en un bolsito transparente o ziploc, fácil de encontrar.

    Si tomas algún medicamento o si sueles sufrir jaquecas, dolor de estómago, mareos u otro malestar, guarda los medicamentos todos juntos, de modo de encontrarlos fácilmente si no te sientes bien en el vuelo. Hemos visto a personas perder el control porque no encontraban la “pastillita” que tenían que tomar para evitar el mareo.

  • Si viajas con tus hijos, amigos o tu pareja, reserva el asiento detrás de ellos.

    Uno de los karmas que cargamos a menudo los que tenemos miedo a volar es la vergüenza. Intentamos hacer todo lo posible para que nadie se de cuenta que nuestras manos están casi adheridas al apoyabrazos. Y tener espectadores no nos ayuda: por un lado no queremos que ellos se preocupen por nosotros y por otro lado, por lo menos a nosotros, no nos gusta que nos estén mirando como diciendo: “¿Y? ¿Ahora estás más tranquilo?”   En un viaje a NY, no tuve otra opción que viajar al lado de mi esposo. En un momento de turbulencias, le agarré la mano con tanta fuerza y lo miré con tal cara de desesperación, que me terminó diciendo: “Al final, me vas a contagiar tu miedo”. Y no, ya con nosotros es suficiente. ¿No creen?