Crónica de un vuelo perfecto

Imaginate que cuando estás por embarcar te salga a recibir toda la tripulación del vuelo, con el piloto y copiloto incluido. A eso sumale que el comandante se presente, con su nombre y apellido, te cuente los años que hace que vuela y te explique cómo va a ser el vuelo.

Así fue subir al avión ayer, en el vuelo de bautismo de Buenos Aires a Córdoba, por cortesía de Latam.

En el aeropuerto, hicimos un ejercicio para prepararnos para el vuelo. Parece que con el ruido que hay habitualmente en las salas de pre-embarque uno no puede relajarse, pero sin embargo lo logramos y de esta manera repasamos algunas de las herramientas que compartimos en el curso para controlar la ansiedad.

Haciendo un ejercicio antes de embarcar

Haciendo un ejercicio antes de embarcar

Fuimos los primeros en embarcar y los últimos en bajarnos. El vuelo fue muy tranquilo, sólo en el aterrizaje hubo una leve turbulencia debido a que había viento, algo que ya nos había explicado el comandante y que hizo que ninguno se inquietara.

Como ya es habitual en estos vuelos, le pedimos a la tripulación de sacarnos una foto. Para los que viajan sin miedo, subir y bajar de un avión es algo habitual; para los que nos esforzamos mucho cada vez que volamos es querer fijar en nuestra memoria los rostros de esas personas que hicieron que nuestro vuelo fuera mucho más fácil. De hecho, los tripulantes pasaron durante el vuelo a preguntarnos si estábamos bien.

El momento de hablar de seguridad

El momento de hablar de seguridad

Mirta hablando con una tripulante

Mirta hablando con una tripulante

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apenas salimos del avión, estaba Andrés Lavallén, despachante de aviones, que se hizo famoso cuando sacó esta foto de dos aviones, que vuelan a la distancia correcta, y muchos medios salieron a publicar que “casi hubo un accidente”. Obviamente, le pedimos una foto, porque gracias a personas como él, que comparten su pasión por los aviones y publican la información precisa, voy aprendiendo cada día un poco más.

También, nos acompañó Sir Chandler, uno de los blogueros más respetados por los amantes de los viajes. Muchas veces nos preguntamos qué pensarían de nosotros los que escriben de viajes, si entenderían que nosotros también amamos conocer lugares nuevos, sólo que tenemos que enfrentar esto que a muchos nos paralizó durante mucho tiempo y a otros los sigue paralizando.

Ya en el aeropuerto de Córdoba, una vez más nos esperaron en la Sala VIP, gracias a la gentileza de AA2000. Necesitábamos un espacio tranquilo para poder conversar y relajarnos después del vuelo y @aa2000 nos permitió relajarnos y recuperar energías en este espacio.

Antes de embarcar volvimos a hacer un ejercicio, dirigido por Nicolás Machín. Después, cada uno eligió un sticker para pegar en el celular, con frases compartidas en la comunidad en Facebook.

Ejercicio en el aeropuerto

Ejercicio en el aeropuerto

El regreso se nos pasó volando, literalmente. Subimos primeros, nos acomodamos en nuestros asientos y así quedaron atrás, nuevamente, años sin volar, sueños en listas de espera. Así lo vivieron algunos de las personas que viajaron:

Mirta Petina (64 años, nunca había volado debido al miedo): “El día anterior empecé a tomar conciencia de que me iba a subir a un avión e iba a volar. Ya a la tarde empecé a llorar, son sentimientos encontrados de querer pero no saber si lo vas a lograr. El día del vuelo traté, como dijo el psicólogo, de pensar en otras cosas, y cuando me encontré con el grupo me sentí acompañada en mis miedos. Mi miedo al encierro, a querer bajarme, al descontrol… Hacía tiempo que no me sentía tan feliz”.

Enid Alejandra (57): “Volar no es lo que más me gusta, si bien lo hice varias veces, nunca lo hago relajada. Por eso, haber hecho el curso y venir al vuelo de bautismo me sumó información. Ya puedo atravesar turbulencias con más confianza. También ahora sé que dentro del toilette hay una alarma para llamar a alguien de la tripulación en caso de encierro. Todo fue de gran importancia para mí”.

También, nos acompañó Marcia Gallardo, tripulante de cabina y despachante de aeronaves, que vino al curso para tener más herramientas a la hora de volar: “Como tripulante de cabina haber participado de esta experiencia junto a los pasajeros me permite entender mejor los orígenes del miedo, qué lo produce, cómo contenerlos y cómo ayudarlos a transitar de la mejor forma el vuelo. Son herramientas para poder asistirlos y que puedan disfrutar del trayecto”.

Al aterrizar, una de las tripulantes nos felicitó por parlante y todos nos aplaudieron. Incluso, muchos pasajeros se acercaron a pedirnos más información para su tía, su madre, su hermana…

Un periodista hace poco me preguntaba cuál sería el vuelo de mis sueños. Sin duda, es el vuelo en el que puedo sentirme segura y acompañada. Si además de que esto me pase a mí, les puede pasar a otras personas, como fue en el vuelo del viernes 21, entonces ya no es un vuelo soñado sino que se convierte en un vuelo perfecto.

Más para leer:

Comparte este artículo...Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.