Miedo a volar: para superarlo es esencial animarse a enfrentarlo

Para entender mejor qué podemos hacer para volar sin miedo, le pedimos a los psicólogos que dictaron el curso Cómo superar el miedo a volar, que nos expliquen cómo funciona el mecanismo del miedo y qué podemos hacer para vencerlo. 

Por Lic. Modesto Alonso y Lic. Nicolás G. Machín, titulares de “Volar sin temor” y de “Ícaro Psicología Aeronáutica

Este curso es un tipo de “training”,-hay muchos tipos pero muy parecidos-,en el que es fundamental la información sobre los aviones y cómo funciona todo el mundo del vuelo, lo cual le da a las personas la posibilidad de familiarizarse con información real y objetiva sobre el vuelo y la seguridad, que contrasta con la imaginación y sus ideas disfuncionales y desadaptativas, permitiendo al pasajero volar más tranquilo ya que está mejor informado. Para algunas personas con eso alcanza, pero lo más frecuente es ofrecer también la opción de brindar técnicas para el afrontamiento de síntomas, los cuales son mejores ya que le dan a la persona mayor cantidad de herramientas y recursos a la hora de volar, en caso de que los síntomas aparezcan.

Pero además de trabajar sobre los miedos, tarde o temprano lo mejor es enfrentarlos, con las herramientas aprendidas, y allí aparece como muy valiosa la opción,-que no es obligatoria-, de hacer un vuelo de prueba juntos, lo cual es una oportunidad ideal para que se pongan a prueba esas herramientas y la capacidad de dominio de las personas. Un paso más hacia la posibilidad de volar naturalmente, e incluso llegar a disfrutarlo. Si, sucede.

Vamos a ver unos números que recuerden que nada es más seguro que volar: hay unas 1500 aerolíneas, con unos 24000 aviones, que vuelan a unos 4000 aeropuertos, haciendo unos 100.000 vuelos por día que llevan cerca des 8.000.000 de pasajeros por día, sin novedades. ¿Conocen algo más seguro?.  Y mientras leen esto o en cualquier momento hay unos 14000 aviones en el aire.

A los pilotos se los forma muy bien para conocer a fondo el avión y llevan miles de horas volándolo, pero además se le da formación psicológica y médica para saber mejor aún cómo volar seguro. Esto además de que el piloto ama volar, sabe hacerlo y tiene mujer o marido e hijos, que ama y cuida, y si fuera riesgoso lo que hace no lo haría.

Tomamos estos datos como un punto de partida para brindarles información basada en evidencia a las personas que se nos acercan consultando por la temática del miedo al vuelo. Desde 1996, en nuestros consultorios particulares hemos recibido cerca de 200 potenciales pasajeros que recibieron un training para el temor a volar y, felizmente, más del 95% de ellos lograron superar en un primer abordaje esos miedos y volar de una manera más confortable y, muchos además disfrutándolo.  Los otros, han logrado volar más adelante mediante un tratamiento personalizado.

Técnicas que pueden ayudar

Pero esto no es magia. El training/curso para volar sin temor se muestra efectivo porque la persona consigue aceptar conocimientos más reales sobre el avión y el volar, que le permiten modificar sus creencias erróneas, y la aceptación y el compromiso de cambiar sus modos de manejar el problema con técnicas que les ayudan a controlarlo. El avión y el volar son seguros, pero eso no es lo que cree quien teme al vuelo, pues su temor se basa en el error de eso que cree. O sea que donde debería haber un conocimiento técnico realista, -el avión es seguro-, lo que reina es la imaginación con sus facetas de miedos irreales, -“el volar el peligroso”. Esto tiene que ver con la personalidad, con la experiencia propia, el ambiente y sus creencias, la historia personal y la cultura entre otras variables. El miedo a volar es un miedo irracional que puede condicionarse por muchos factores que a veces se relacionan más a características de personalidad del sujeto que a una causa. Es una creación personal, un aprendizaje, y allí reside la posibilidad de cambiarlo, aprender un modo nuevo de ver y sentir el tema.

Se estima que una de cada cinco personas sufre algún grado de miedo a volar y una de cada diez puede tener un miedo tan intenso e irracional que en algunos ya es una fobia. El miedo es distinto a la fobia, pues es proporcional al motivo, resulta una emoción adaptativa, que nos alerta de una situación potencialmente riesgosa o dañina. A veces ese “mecanismo” del miedo no funciona bien y se instala en forma exagerada, tal es el caso de las personas que padecen temor a volar. Que a menudo se alarman o exaltan frente a ruidos, movimientos, turbulencias u otros estímulos que pueden resultar alarmantes del avión o del entorno.  Y al sentirse con un futuro amenazador, a veces lo invade la ansiedad y se siente más vulnerable y cree más en su miedo.

La ansiedad varia en su intensidad de acuerdo a la situación en la que nos encontremos, y a nuestro modo de ser, es decir que el contexto también la influye y puede expresarse desde mucho antes de volar. (por eso algunas personas sufren cuando tienen que sacar el pasaje, en camino al aeropuerto, al imaginarse la fila de migraciones, la espera antes de subir al avión, etc. En lugar de pensar la palmera que vamos a elegir cuando estemos tirados en la playa o los museos a visitar en Europa). La ansiedad de este tipo es tan displacentera que bajo ciertas condiciones se expresa en forma extrema en el llamado ataque de pánico. Pero, no se preocupen, porque la ansiedad también puede controlarse y, otro dato de mayor relevancia es que aunque la persona con ataque de pánico siente que se muere o se vuelve loco, eso no sucede, pero sufre mucho por creerlo. Aunque se repita, olvida esto. Lo que también suele suceder con la ansiedad, además de surgir de manera anticipatoria, es que puede fomentar lo que en psicología llamamos “conductas evitativas”, es decir, no subirme al avión por miedo, “si no subo al avión me salvo”.  Esto en realidad lo que hace es prolongar el funcionamiento del mecanismo psicológico equivocado, con lo cual debemos implementar algunas otras estrategias para su tratamiento y administración o control.

Hacemos un paréntesis a parte para retomar nuestra distinción antes de hablar de los abordajes posibles, porque no hemos hablado de la confusión que suele haber entre el temor o miedo a volar y la fobia al vuelo. Cuando hablamos de fobia estamos hablando de una enfermedad psicológica establecida, es mucho más , y reiteramos la palabra pánico, que es “el miedo que te bloquea o te pone los pelos de punta” porque a veces las personas se asustan y creen que son fóbicas porque también sienten miedo al escuchar hablar o al hablar de aviones. La persona con fobia al vuelo intensa lo padece al punto de no querer salir a la calle o mirar al cielo porque puede ver un “objeto volador, de esos que no puedo mencionar porque si lo menciono algo malo me puede pasar a mi o a un familiar”. Pero aclaremos que  tampoco es “locura”. Simplemente a veces padecemos por cuestiones irracionales o creencias que sabemos que no son lógicas o es ridículo pensarlas, pero, somos humanos, y eso supone que el control sobre nuestras emociones es relativo, lo que si podemos hacer es encontrar modos nuevos de ver qué hacemos con lo que sentimos.

Y si hablamos sobre qué hacer, podemos citar dos formas muy tradicionales para trabajar miedos o fobias, en el caso de las fobias casi que lo reducimos directamente al tratamiento psicoterapéutico personalizado, ya que el terapeuta tendrá que evaluar nivel de afectación y la mejor manera de aproximarse a los estímulos temidos, como así también si el miedo o la fobia al vuelo se asocia a otros síntomas que corresponden más con claustrofobia, vértigo, temor al encierro, fobia social, etc., problemas que hacen sufrir y que deben abordarse. En el caso del miedo a volar, si bien el tratamiento psicológico personalizado es la técnica principal, depende de su intensidad y complejidad, pues también  son muy efectivos  los cursos para vencer el miedo al vuelo, con información, preparación antistress, técnicas de relajación, entre otras cosas.

 

 

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