Mujeres con alas: la historia de tres mujeres que soñaron con volar

Hablar con un piloto es, para alguien con miedo a volar, parecido a lo que sienten los chicos cuando conocen Disney. La explicación es sencilla: quisiéramos ser como ellos, conocer al menos un 10% de lo que saben para poder de una vez y para siempre volar más relajados. Pero hablar con una mujer que es piloto (la RAE no admite la palabra “pilota”) dan ganas de meter en el cajón el manual de periodismo y pedirle un autógrafo. Éstas son las historias de Flor que vuela en una aerolínea comercial, Debora que vuela por pasión los fines de semana y Natalia, que está estudiando para obtener la licencia de piloto comercial. 

Flor Bertotto, piloto comercial de primera clase

Vive desde hace 4 años en Panamá, donde se mudó exclusivamente para volar en Copa Airlines como primer oficial (copiloto) de Boeing 737NG. Con 3300 horas de vuelo confiesa que siempre fue una “voladora”: sus tíos son pilotos, su papá paracaidista y ella piloto.

Aunque dice que entró a la Escuela de Vuelo de sus tíos, Alas Argentinas, por hobby, apenas terminó el colegio y al mismo tiempo estudiaba en la facultad la carrera de Publicidad. Pero a medida que pasaba el tiempo, iba perdiendo el entusiasmo por la carrera. “Con el vuelo me pasó todo lo contrario. De repente lo único que quería hacer era estar arriba de un avión”, recuerda Flor.

Selfie con los pasajeros

Selfie con los pasajeros

“Lo más lindo de tener esta pasión –nunca lo llamo trabajo-es seguir teniendo las mismas ganas y disfrutarlo todos los días, por más de que signifique ir a contramano de los horarios de los terrestres y faltar en muchas fechas importantes, cada minuto ahí arriba y cada cielo, el mismo pero diferente todos los días, valen la pena”, explicó.

En la línea aérea donde trabaja, hay alrededor de un 10% de mujeres pilotos. “En Copa somos un montón de mujeres volando, tanto comandantes como copilotos. De hecho, es muy común vernos entrar a los aviones y que seamos dos mujeres al mando”, relató.

 

Debora Altuna: “Ser mujer nunca fue un impedimento para volar”

Debora tenía 4 años cuando voló por primera vez.  Su primo, que ahora es comandante de Austral, tenía que sumar horas de vuelo y la llevó a volar. Además, un tío abuelo trabajaba en Austral y sus abuelos tenían un avión, es decir que la aviación flotaba en el aire de esta familia. Recuerda que de chica, se la pasaba en la computadora con su CD de “Flight Simulator”, el juego más conocido de simulación de vuelo. Doce años más tarde de ese primer vuelo, a los 16, empezaría a volar. De hecho, los viernes a la noche jamás salía para poder ir a volar los sábados. “Volar es como un cable a tierra, lo que me gusta hacer, cuando vuelo me siento cómoda. Por eso cada vez que puedo me escapo. Vuelo dos o tres veces por mes y hago navegaciones de dos horas de ida y dos horas de vuelta”, comentó.

Hizo la carrera aeronáutica en Paraná mientras cursaba el secundario. Recorría 100 km desde su casa para ir a la escuela de vuelo. Cuando obtuvo su licencia de piloto comercial se compró un avión Grumman Lynx y se fue a trabajar de instrucción al aeropuerto de San Fernando, en Buenos Aires. Con 1300 horas de vuelo, reconoce que ya dejó de contar.

Ser mujer nunca fue un impedimento para volar. “En el aeropuerto ya me conocen, no se sorprenden al verme. En la frecuencia, cuando uno se comunica con distintos aeropuertos, tampoco.”

Natalia Wasinski Brignoli: “Me gusta todo lo que rodea al vuelo”

Natalia estudia para ser piloto en una de las escuelas de la Base Aérea de Morón. Para costear la carrera de piloto, trabaja de su otra profesión: contadora pública recibida en la Universidad de Buenos Aires. “Trabajo en una oficina para poder costear las horas de vuelo”, explicó.

A fines de 2013 empezó a volar y hoy ya promedia las 200 horas de vuelo. Además, en unas semanas rendirá el examen para conseguir la segunda licencia, de piloto comercial. Con esta licencia ya podría conseguir trabajo en la aviación, transporte de pasajeros o publicidad aérea. “Todo este tiempo me preparé muchísimo en cuanto a los requerimientos de vuelo que se exigen para obtener la licencia en el simulador y estudiando la teoría. Es un camino largo el que me queda por recorrer pero no por ello menos importante todo lo que ya logré”, reconoce con orgullo.

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