«Nada es imposible cuando cambiamos el chip del yo no puedo»

Marial Noel Rocchioccioli es diseñadora gráfica y vive en Río Primero, provincia de Córdoba, Argentina. Durante dos años rechazó viajes y sueños por miedo a volar. No le había pasado nada terrible, pero se convenció de que «no iba a poder» volar otra vez. Éste es su testimonio, que quiso compartir con otros que, como ella, también quisiéramos cambiar de una vez por todas el chip. 

El error más grande que cometemos los que tenemos miedo a los aviones es repetirnos que no podemos. Tal vez en realidad no tenemos el coraje de hacerlo, porque sin querer nos estamos convenciendo de eso. Si bien yo ya había volado antes, me dije y aseguraba que no volvería a hacerlo, no porque los vuelos hayan sido traumáticos; por el contrario, fueron tranquilos. Sin embargo, durante dos años elegí pensar que jamás iba a subirme a un avión de nuevo.

Así fue como dejé de hacer un viaje hermoso con mi mamá. Por miedo. Pero eso fue hasta el mes pasado, cuando empecé a planear mis vacaciones.

Decidimos viajar con mi marido y comenzó la ansiedad.  En esos días previos, con la intención  de no entrar en pánico, quería leer algo que me ayudara a calmarme y como las señales existen me topécon una frase en facebook que me llevó a un libro que nada tiene que ver con aviones pero en el que nos proponen reprogramar nuestra mente en 30 días para lograr aquello que nos resulta imposible (en cualquier ámbito de nuestras vidas), modificando nuestros pensamientos.

Mi imposible en ese momento era subirme a un avión  (y digo «era» porque además de que lo logré,  pienso hacerlo cada vez que pueda).

Comencé a leer el libro a 25 días de viajar, ya la cuenta no me daba (El título decía «30 días»). Los primeros capítulos hablaban de salir de la zona de confort, de esa situación en la cual nos ponemos para no arriesgarnos, para no perder, pero lo más frustrante es que en ese estado tampoco podemos ganar nada y la desilusión es enorme. Estamos cómodos, pero insatisfechos, porque yo quería viajar, pero mis pensamientos limitantes no me dejaban. (Pensamientos a los que nuestra mente le pone imágenes. Los que tenemos miedo sabemos que no son nada gratas esas imágenes que visualizamos.)

Entonces empecé a modificar todos esos pensamientos negativos y catastróficos imaginarios que nos limitan (sin terminar de leer el libro) y los reemplacé por todo lo positivo e increíble que produce conocer nuevas culturas, visualizándome en el destino y en todo el placer y felicidad que me provocaría estar ahí, y repitiéndome todas las mañanas “YO VOY A VIAJAR EN AVION”.

A los que me preguntaban “¿cómo vas a hacer con el vuelo?”,  les contestaba con firmeza “Ya no le tengo miedo».

Debo confesar que las primeras veces no me lo creía, pero luego de unos días la respuesta sonaba muy natural. Y así fue como en un par de semanas me encontré en el aeropuerto (con todos los santos colgados del cuello…). Pero decidí confiar y no permití que mis pensamientos le ganen a la lógica.

Tomé los dos aviones que me llevaron a mis inolvidables vacaciones. En el primero, ya arriba del avión, acomodados en pista para salir, se escucha la voz del capitán por el parlante que reportaba que íbamos a demorar unos minutos por la niebla. Así empecé mi viaje. Pero en ese momento elegí pensar que el piloto sabía lo que hacía y que en esas condiciones lo mejor era esperar.  «Usar la lógica”, vuelvo a repetir, pero los que tenemos miedo sabemos que en esos momentos críticos, por más que te digan que algo blanco es blanco, nos empecinamos o nuestra mente involuntariamente nos obliga a creer y hasta a asegurar que es negro.

Quince minutos después estábamos despegando y fue un vuelo hermoso. Pero más hermosa fue la satisfacción que sentí al haberlo logrado, manteniendo la calma. ¡Mi autoestima aumentó un 1000%! Para que se den una idea, yo mido 1,62 y me sentía gigante.

En esos momentos críticos, por más que te digan que algo blanco es blanco, nos empecinamos en creer que es negro 

El segundo vuelo, que nos llevó al destino final, también fue buenísimo. Era una mañana soleada hermosa, estando arriba entre las nubes me permití sacar fotos,  filmar el aterrizaje y agradecerle a la vida la oportunidad de hacer ese viaje por todo lo que implicaba (superar miedos, conocer nuevas culturas, disfrutar con el amor de mi vida).

Pasaron las vacaciones y era hora de tomar los dos vuelos de regreso, ya esa noche previa casi no dormí, pero había que volver… El segundo tramo, con lluvia y muchas turbulencias  de nuevo elegí mis pensamientos. Yo había leído que  una turbulencia no derriba un avión, así que me repetí esa frase cada vez que el avión se sacudió y seguí con la música de mis auriculares a todo volumen. No son gratas para nada (las turbulencias), pero les aseguro que la pasé peor con los baches en las rutas cubanas.

Es un buen recurso llevar música que nos transporte a buenos momentos vividos. Yo llevé música muy alegre, rumba cubana que me incentivaba aún más a tomarme esos aviones para llegar a bailar y disfrutar de la gozadera…

En fin, siempre me preguntaba cómo la gente puede dormir,  cómo puede reír, cómo puede leer, cómo puede comer arriba de un avión. Bueno, les cuento que yo hice todo eso y lo disfruté.

Mi deseo con este relato, es que se animen, que pongan en práctica lo de cambiar y reprogramar la mente en todos sus imposibles. Lo imprescindible es dejar de afirmar que no podemos porque ese pensamiento nos limita. Cambiar el chip de «no puedo» por «sí, voy a poder”.  Yo lo logré.

Leer más testimonios de personas que lograron volar a pesar del miedo

N. de la R.: El libro se llama «Confianza total. Desafiando imposibles», de Verónica de Andrés y Florencia Andrés (son madre e hija).

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Un comentario en “«Nada es imposible cuando cambiamos el chip del yo no puedo»”

  1. Hola, estoy totalmente de acuerdo con tu artículo, también ha sido mi experiencia el ver todo negro cuando en realidad es blanco y no poder prestar atención a la lógica! Me pudieras compartir el nombre del libro? Gracias, saludos desde Arizona!

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