“No es lógico que semejante monstruo pueda volar”

Stella Giordano no deja que su miedo a volar sea un impedimento para conocer nuevos lugares. Si bien nunca se sienta en la ventana, con el paso del tiempo fue aprendiendo muchas cosas de los aviones. Tanto que hasta ya no se asusta si  hay turbulencias. 

En su familia todos lo saben: ella detesta viajar en avión. Pero también saben que una o dos veces al año, ella hace tripa corazón y vuela a un destino nacional o internacional porque, como dice ella, “mi deseo de viajar y conocer puede más”.

No es que sienta mareos o se descomponga, tampoco le falta el aire o se siente mal. Lo que le pasa a Stella es lo que le pasa a mucha gente: “Simplemente pienso que no es lógico que semejante monstruo pueda mantenerse en el aire y estoy esperando siempre el momento de que algo empiece a fallar”, relató Stella Giordano, profesora de inglés de 59 años.

Lo que sin duda la diferencia de la mayoría de los aerofóbicos es que las turbulencias no la ponen nerviosa. “No me incomodan porque ya tengo incorporado que es incómodo atravesarlas pero no es peligroso. Pero me pasa que no puedo escuchar las indicaciones de seguridad”.

Para ese momento en particular, antes del despegue, ella se pone a leer y se pone música, todo a la vez. Ni siquiera levanta la vista. “No puedo mirar por la ventana, de hecho siempre elijo pasillo”, nos contó.

En el aeropuerto

En el aeropuerto

Hasta el momento, hace el recuento y ya lleva al menos 30 viajes en avión en su haber.  De hecho, tiene muy lindos recuerdos de su primer viaje. “Tenía 14 años y mi padrino nos regaló el pasaje. Fuimos mi hermano, mi abuela, mi padrino y yo. Saqué un montón de fotos desde el avión, con mi cámara Kodak Fiesta de rollo de 12 fotos”, recordó con humor.

Aunque asegura una y otra vez que no le gusta viajar en avión, es una experta en reconocer los ruidos durante el vuelo. “Algunas cosas las fui descubriendo leyendo sobre el tema. Por ejemplo reconozco el ruido de cuando sube o baja el tren de aterrizaje. Es como un sacudón que se siente debajo del avión”, describió.

Eso sí, todos los fantasmas desaparecen como por arte de magia cuando se inicia el aterrizaje: “cuando empiezo a sentir en la panza esa sensación de que el avión ya comenzó a bajar, cosa que sucede a veces más de media hora antes del aterrizaje, me empiezo a tranquilizar y me voy sintiendo feliz. No me importa que algunos consideren el aterrizaje como una maniobra de cuidado”.

Quizá Stella todavía no se haya dado cuenta. O tal vez, sí. Pero de esto se trata el desafío de aprender a volar sin miedo. De ir incorporando toda la información posible sobre los aviones y también sobre el miedo, de aprender herramientas que nos ayuden a sobrellevar la ansiedad cuando aparece y de identificar los momentos en que, como ella, recuperamos la alegría y la felicidad. ¡Gracias por compartir!

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