“No sé si podré vencer el miedo, pero al menos logré controlarlo”

Ésta es la historia de Yasmin Gonzalez que, tras viajar dos veces a Estados Unidos durante su adolescencia, volvió a subirse a un avión 17 años después, con destino a México DF.

El día del viaje

Yasmin iba acompañada con su hija y abuela, y viajaban por LATAM, con escala en Santiago de Chile. En sus dos anteriores vuelos a Miami, ella nunca sintió miedo; de hecho se relajaba al volar, pero todo cambió. Los días previos al viaje se volvían una pesadilla, no podía pegar un ojo durante las noches pensando en lo que podía llegar a pasar; analizaba si le convenía tomar medicación o no, entre otras cosas.

El día llegó. Al arribar al aeropuerto, le venían a la cabeza pensamientos catastróficos, como que el avión se iba a caer, en la muerte. Hasta que le tocó embarcar y se quedó paralizada al entrar a la manga y empezó a llorar. No podía entrar al avión, según ella fue hasta cómico porque su hija le dijo ‘’que deje de exagerar y se suba, que la gente la estaba mirando’’.

Las azafatas, tras ver el estado en que estaba Yasmin, la contuvieron y abrazaron. Le explicaron que solo era una hora de viaje. Ellas habían llegado recién de Chile y le contaron que la ruta aérea estaba muy tranquila, por lo que el avión no se iba a mover.

El avión despegó. De a ratos, alguna de las tripulantes de cabina se acercó para preguntarle si necesitaba algo. Le contaron que alguna vez ellas también habían tenido miedo, pero que son conscientes que los aviones no se caen, y esa fue la frase que logró tranquilizarla.

Al aterrizar, Yasmin se dio cuenta que el vuelo no había tenido turbulencias y que era su cabeza la que fantaseaba con cosas que en realidad no pasaban.

En Chile, debían esperar una hora para embarcar al siguiente avión con destino a México, un vuelo que dura ocho horas. Ella había decidido optar por un vuelo nocturno, para poder dormir. Pero al tener que embarcar, de nuevo entró en pánico y nuevamente encontró consuelo en las azafatas. Ya en el avión, se abrochó el cinturón y no se lo desabrochó en las 8 horas. Tampoco pudo levantarse para ir al baño. Sólo se animó a agarrarles de la mano a su hija y abuela.

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Si no puedes vencer el miedo, ¡contrólalo!

Hasta que en un momento recuerda que su cabeza hizo un clic: hasta ese instante no había querido comer. El miedo era más fuerte. A las horas, aceptó comer algo. Cuando quiso acordarse, estaba escuchando música para relajarse (uno de los tips que leyó en nuestro sitio). Subió la música a todo volumen para no escuchar los ruidos del avión y empezó a ver luces de la ciudad, lo que le daba a entender que estaban muy cerca de llegar.

Yasmin sigue teniendo miedo a volar, ella dice que es algo que no puede evitar, pero encontró herramientas y recursos como escuchar música o dejarse ayudar por las azafatas, que pueden lograr que se le borre todos los malos pensamientos y pueda disfrutar del vuelo. Próximo destino: Grecia.

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