“Para mí el despegue es la peor parte”

Hace 10 meses Mirta Petina se subió a un avión por primera vez, a los 65 años. En un momento había llegado a pensar que jamás volaría pero se animó, hizo el curso y unos meses más tarde vino al vuelo de bautismo que hicimos en Septiembre de 2018 a Córdoba, invitados por LATAM.

 

Tenía ganas de volver a viajar y navegando en Internet descubrió a las “Viajeras apasionadas”, un grupo de mujeres, que estaba organizando un viaje a Salta. Además de las cosas que puso en la valija, agregó las bandas elásticas –que recomendamos en el curso para controlar la ansiedad- y el pin de Miedo a los Aviones. Con eso, ya estaba lista para subirse nuevamente a un avión.

“Era un grupo chico de mujeres y aunque no las conocía pensé que esa era mi oportunidad. Todas mujeres, algunas no habían volado, otras tenían miedo así que me jugué y me salió re bien”, relató entusiasmada al volver.

Voló el 26 de julio y al subir, les explicó a los tripulantes de cabina (TCP, su sigla) que había hecho un curso para perder el miedo a volar. En el regreso, también les mostró el pin a los TCP Carolina Ferrari y Juan Aylín Lean, del vuelo 7550, quienes al aterrizar le entregaron un diploma. 

“Mi principal temor era el carreteo. Así que en el despegue me abrazó fuerte la coordinadora del grupo y juntas fuimos haciendo la cuenta regresiva hasta que el avión empezó a elevarse. Me sentí un poco mareada al principio. Me di cuenta que para mí el despegue es la peor parte, porque después estuvo muy bien todo y hasta lo disfruté”, reconoció Mirta.

Cuando comenzó el descenso, llegando a la ciudad de Salta, también sintió un poco de ansiedad. “En ese momento, todo lo que quiero es sentir que el avión se apoya en la pista”, dijo con humor.

Con el avión aterrizado, sintió mucha emoción de haberlo logrado, una vez más. Además sus compañeras de viaje la felicitaron en el viaje, ya que no sólo pudo volver a subirse a un avión, sino que pudo hacer una caminata y subir una montaña de 4200 metros de altura.

En el regreso, hubo algo más que la puso un poco ansiosa: ver que el avión estaba todo ocupado. “Le pregunté a la coordinadora si el avión podría subir igual, con tanta gente. Miraba a la gente, pensaba en el peso de las maletas y me empecé a poner ansiosa. Me preguntaba si el avión subiría igual”, relató Mirta.

Pero en realidad, después se dio cuenta que lo que no le gusta es sentirse encerrada. Pero enseguida pudo poner en práctica algunos ejercicios que aprendió en el curso y de a poco pudo controlar la ansiedad.

“Estoy muy agradecida por haber hecho al curso, porque lo pude lograr. Iba con un poco de temor pero también con una gran expectativa de cómo iba a ser volar, nuevamente. Pero salió todo bien, muy bien. Si no hubiera ido al vuelo de bautismo, no hubiese hecho este viaje a Salta”, reflexionó.

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