Programó viajar a Disney para su luna de miel a pesar de su miedo a volar

Florencia Alfano tiene 28 años y ya viajó dos veces en avión en lo que va del año. No fue su primer viaje en avión, pero sus últimos dos vuelos fueron especiales.

“Quería contarles mi experiencia porque si bien no hice el curso, mi viaje fue un antes y después gracias a sus posts”, escribió Florencia, hace unos días. De chica voló varias veces, pero desde 2015 empezó a tener miedo a volar.

Pero el amor es más fuerte. Recientemente casada, programaron de luna de miel viajar a Disney.

Los días previos pensó mucho en el avión pero pudo dormir bien, salvo el día del vuelo.

Viajaron por Aerolíneas Argentinas, de Buenos Aires a Miami, y apenas subió al avión les dijo a las azafatas: “Te quiero comentar algo que me da vergüenza pero entiendo que es mejor decirlo: tengo miedo a volar”.

En el despegue, confesó que sintió bastante ansiedad. Ya en la altura crucero, cada vez que pasaban las azafatas por su asiento, le preguntaban si estaba bien. Algo no muy común en personas con miedo a volar: pudo dormir casi todo el vuelo.

“El vuelo fue un lujo. Las 9 horas de Ezeiza a Miami se me pasaron volando, valga la redundancia. Hubo turbulencia, pero una de las azafatas me estuvo acompañado. Me decía Flor, son nubecitas”, contó.

También, después de aterrizar, pudo visitar la cabina y hasta conversar con los pilotos. “Me hizo sentir muy bien sentirme contenida. Al final, dormí todo el vuelo como en las viejas épocas. Me da un poco de vergüenza decirles, pero lo seguiré haciendo”, relató.

Hasta que llegó el día antes de regresar y se dieron cuenta que no habían elegido asiento. Al ingresar a la web, no pudieron hacer el check in y, en consecuencia, tampoco seleccionar asiento.

“Un día antes de volver empecé a pensar, otra vez tengo que volar”, contó Florencia. Sin embargo, apenas se sentó en su asiento, como había hecho a la idea- se quedó dormida. “Me desperté ya en las nubes, muy asustada y enojada con mi marido que no me avisó que despegábamos”.

Como no pudo volver a conciliar el sueño, se levantó al baño y las azafatas le ofrecieron un té en el Galley y hasta se quedó un largo rato charlando con ellas. Pero esta vez, hubo mucha más turbulencia que en el vuelo de ida. “Hasta mi marido que siempre duerme se quejaba de lo que se movía el avión. Así que a mitad del vuelo, le dije a la azafata que tenía miedo y me invitó a sentarme con ella y sus compañeras y hasta me ofrecieron un té y charlamos un montón. A partir de ahí, ni me enteré de nada del vuelo”. Después, volvió a su asiento, miró una serie e incluso pudo dormir una hora hasta llegar a Buenos Aires.

Al mirar para atrás y reflexionar sobre lo que hizo que este vuelo fuera diferente, mencionó varias cosas:

  • Primero, ser súper consciente de que al miedo se lo enfrenta para que no paralice
  • Segundo, ya decidida a enfrentarlo, elegir el método. En su caso, fue hablar mucho con su pareja durante los meses previos sobre aviones, hablar con pilotos sobre cómo funciona un avión, ver videos de pilotos (por ejemplo de Gaboair, que está en Twitter e Instagram)
  • Y en tercer lugar, ya en el avión, decirles a los tripulantes fue clave.

Pero también, hubo algo más que Florencia cree que la ayudó a viajar bien: no dormir bien la noche anterior al vuelo y..comer chocolate.

Dicen que el chocolate genera endorfinas, que nos proporcionan sensación de bienestar casi de inmediato, así que tal vez haya que llevar una barrita de chocolate en la mochila para el próximo vuelo.

Antes de terminar, siempre me gusta preguntar si existe algún plan para un próximo vuelo. “No, pero no por el avión. Si fuera por el avión, la respuesta es sí, viajaría de nuevo sin pensarlo. Me encantaría conocer Europa”.

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