Superar el miedo en grupo, una experiencia liberadora

Ayer realizamos el primer vuelo de bautismo de 2018. Volamos de Buenos Aires a Córdoba, por cortesía de LATAM, en los vuelos LA 7612 y LA 7617.

La cita era a las 11.30 en el sector A de Aeroparque. Desde ahí, nos trasladamos a un café para poder conversar y compartir los miedos y dudas. Todos habían volado alguna vez pero habían dejado de hacerlo por miedo: Daiana hace 15 años, Myrian hace 24 y Carolina hace 20.

Desayuno pre-vuelo

Desayuno pre-vuelo

Después, cuando habilitaron la puerta 7 que correspondía a nuestro vuelo, hicimos el pre- embarque con mucha tranquilidad. Le mostramos el pin a las personas que nos atendieron y nos dijeron que ya sabían que viajábamos en ese vuelo. Eso también nos ayudó a relajarnos. Ninguna de las personas del grupo se había animado alguna vez a contarle a los tripulantes que tenía miedo a volar.

El Pin de Miedo a los Aviones

Nuestro pin

Pre embarque

Pre embarque

El día estaba soleado; el cielo, celeste sin una nube. Así que subimos al avión con ganas de enfrentar el desafío.

Subiendo al avión de LATAM

Subiendo al avión de LATAM

Al embarcar nos llevamos la primera sorpresa: apenas entramos al avión nos encontramos con Sebastián Serret Rapachioli, el jefe de cabina que habíamos entrevistado en una oportunidad, después de enterarnos de la bienvenida que le había dado a una pasajera que a los 85 años voló por primera vez. El resto de la tripulación también estuvo muy atenta y nos animó durante todo el vuelo. Pasaron varias veces a preguntarnos si estábamos bien y nos felicitaron por querer superar el miedo.

Junto a la tripulación

Junto a la tripulación

En Córdoba, apenas desembarcamos, nos fue a buscar Germán Mazzuchín, de Aeropuertos Argentina 2000, para acompañarnos a la sala VIP. Allí, en una sala de reuniones que nos habilitaron para nosotros, nos reunimos para repasar cómo fue el vuelo y compartir experiencias.

Allí nos llevamos la segunda sorpresa: entró al VIP el música Abel Pintos, del que varias de las chicas son fans. Obviamente, aprovecharon para saludarlo y sacarse fotos.

Claudia junto a Abel Pintos

Claudia junto a Abel Pintos

Hasta que llegó el momento de la vuelta. Por altoparlante, el personal de LATAM llamó a Nicolás Gabriel Machín, el psicólogo que dicta el curso para transmitirle un mensaje del comandante del vuelo: la tormenta de Santa Rosa estaba llegando a Buenos Aires y como estaba informado de que viajaríamos nosotros quería advertirnos…

Al subir al avión, nos llevamos la tercera sorpresa: junto a Nicolás visitamos la cabina para saludar a los pilotos y conversar de cómo iba a ser el vuelo. Al empezar a conversar nos dimos cuenta que era el mismo piloto que nos había llevado a Salta en el vuelo de bautismo 2017.

Vuelo de bautismo 2017

Vuelo de bautismo 2017

Finalmente, tuvimos un excelente vuelo: la turbulencia no duró más que dos minutos.  De hecho, para el grupo: “Ni se notó”. Tal como repitió en varias oportunidades el Lic. Nicolás Machín: “en aviación todo es prevención y si las condiciones no están dadas, el comandante no despega”.

Selfie con la tripulación

Selfie con la tripulación

Así lo vivieron algunas de las personas que viajaron:

Myrian, psicóloga (último vuelo en 1994):  “Para mí el vuelo fue mucho mejor de lo que me había imaginado. Tenía más fantasías de lo que podía pasar de lo que fue en realidad. Me ayudó mucho compartir con todos, contenernos mutuamente y encontrar una mano cerca a la cual aferrarme. Emocionalmente fue un viaje liberador, siento que marcó un antes y un después en mi vida”.

Anabella: “Poder compartir esta experiencia con personas que sentimos miedos y sensaciones diferentes que nos impide volar o que nos atemorizan fue genial. Porque ahí, cada uno evalúa su capacidad de afrontar y superarse en conjunto e individualmente y no nos sentimos solos”.

Carolina, docente (último vuelo en 2001): “Para mi los vuelos fueron mucho mejor de lo que esperaba. Me di cuenta que tenía en mi cabeza un fantasma gigante que no tenía mucho que ver con la realidad. Me ayudó mucho el curso y viajar acompañada compartiendo con quienes nos entienden. También me ayudó mucho ir preguntándole a Nicolás todo lo que me iba surgiendo y que él me fuese explicando y me dijera que todo era normal. Fue una experiencia muy liberadora y sin duda una bisagra que me permitirá emprender los viajes que quiera. Para mí fue muy importante atravesar este miedo y darme cuenta que puedo volar. Ahora sé que puedo volar”.

Tal como dice Carolina, el vuelo de bautismo nos demuestra que se puede viajar mejor. Y si contamos con el apoyo y el aliento de la tripulación, podemos viajar mejor y bien acompañados.

 

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