Volar al fin del mundo

Viajar a Ushuaia es un desafío importante para una persona con miedo a volar. Y aunque con mucho orgullo puedo decir que a veces no puedo creer las cosas que hice debido al miedo, hay destinos más fáciles para la cabeza de una ex miedosa o miedosa en superación, como prefiero describirme.

Por un lado, hay varios videos de aviones aterrizando en Ushuaia con viento cruzado que se sacuden más que Shakira con el Waka Waka en el Mundial del 2010. También hay comentarios sobre “lo corta que es la pista” (esto habría que consultar a algún piloto).

Si a esto le sumamos que me tocó volar en un 737 Max, el combo podría haber sido explosivo. O para elegir una palabra más apropiada: podría haber sido desestabilizante.

Pero cumplir casi 7 años escribiendo este blog, trabajar tan codo a codo con Nicole Harf (la psicóloga que dicta el curso Afrontamiento del miedo a volar) para seguir mejorando y actualizando el curso e interactuar con tanta gente del sector aeronáutico (que siempre intenta aportar su cuota de conocimientos o experiencia para alentarnos a volar) tuvieron su efecto y con mucha felicidad (y asombro) puedo decir que:

-No me preocupó que el día anterior a volar de Aeroparque a Ushuaia fue el día que hubo alerta de ciclón

-No me alteró volar en un Max. Todo lo contrario, me sentía como “vip”, que iba a tener la suerte de entender tal vez porqué tanto entusiasmo y fanatismo con este avión.

-El avión salía a las 4:20 am y…¡pude dormir unas 3 horas antes de partir rumbo al aeropuerto!

Qué bien se siente llegar al aeropuerto y no ir directo al baño a encerrarte a llorar como Andrea del Boca. Lo hice varias veces y lo que sentía era tan real como las lágrimas: sentía que no iba a poder. Que no iba a tolerar la taquicardia. Que me iba a pasar algo y que pobres chicos, por qué les iba a hacer eso.

Así que, en esta versión new me, estuve en el aeropuerto en modo zombie (tengo una edad en que necesito dormir al menos 6 horas), embarqué última como me gusta y me abroché el cinturón cuando el comandante nos dio la bienvenida.

Salir de noche no es lo que más me gusta. Menos si hay turbulencia en el ascenso. Pero fui preparada: me llevé el Ipad con 3 capítulos de una serie que me recomendaron y que sabía que me iba a gustar. Nada de tiros ni asesinatos ni catástrofes para el avión. “Anne with an E” fue la compañía perfecta (el acompañante de carne y hueso ya roncaba desde los primeros 10 minutos).

“Pero Caro, ¿ya no sentís nada de nada cuando volás?” Si, a veces siento taquicardia. Como en el ascenso. Ver la ciudad tan encapotada (como decía mi papá) no es algo que me fascine. Pero además, estos últimos 4 meses fueron los más tristes de estos últimos años y me sentía más vulnerable que otras veces. Así que el ritmo del corazón no hizo que baile, como en la canción de Miranda, sino que me relaje y llore por todo lo que perdí. A mi vieja el 24 de Diciembre y a mi tía (que había quedado en lugar de mi vieja), repentinamente el 15 de Febrero. Pero si el corazón pudo tolerar tanta tristeza, también puede tolerar la taquicardia del ascenso de un avión.

Ya cuando el piloto anunció que estábamos pasando los 10000 pies el vuelo prácticamente no se movió. Hubo turbulencia pero nada que me hiciera asustar.

Además tuve la suerte de poder cambiarme de lugar porque las azafatas (de Aerolíneas) me dejaron pasarme al asiento de la fila de emergencia que iba vacía por completo. Nos explicaron lo que teníamos que saber en caso de emergencia y ahí dejé a Anne with an E descansar y me puse a escribir y escribir y escribir.

El ipad o una tableta es muy cómodo para poder tomar registro de lo que sentimos/pensamos en un vuelo. Pero también para dejarnos llevar por la emoción y escribir lo que surja.

Todavía faltaba para llegar y un pasajero del otro lado del pasillo le mostró a otro algo: estaba amaneciendo. Podremos ver los videos o las fotos que veamos pero qué lindo se ve todo desde arriba.

Y así pasaron las casi 3 horas y 35 minutos, casi sin darme cuenta.

El paisaje, la Cordillera y de pronto el Canal de Beagle me dejaron atónita, con una sonrisa de oreja a oreja. Filmé durante 6 minutos el aterrizaje y ya lo vi como 5 veces porque en el fondo, entre nosotros, pensé que mi tendencia natural a quedarme en el lugar cómodo, iba a seguir poniendo a Ushuaia en los destinos de la lista “puedo seguir postergando”.

Si vas a viajar a Ushuaia, te comparto el video completo del aterrizaje o que sigas las redes sociales de algún piloto especialmente a los que hacen vuelos de cabotaje para que no se te paren los pelos de punta cuando veas que el avión está a punto de tocar tierra y volar sobre el agua. En realidad, gran parte del vuelo se hace sobre el Océano.

De esta manera, logré cumplir el sueño de volar a la ciudad conocida como la más austral del planeta. Y por supuesto, la foto famosa del faro del Fin del Mundo no podía faltar.

 

¡Alerta Spoiler! Mirá cómo fue el vuelo de regreso de Ushuaia a Buenos Aires

Ñ´M

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2 Respuestas a “Volar al fin del mundo”

  1. Qué linda y sentida crónica! Confesiones, avances, consejos, y una complicidad muy próxima que invitan a seguir leyendo. Me encanta leerlos!

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