“Cuando cumplí 50 dije basta de miedos”

Ya pasaron dos años desde que Andrea Maldonado se propuso viajar en avión como parte de un auto-regalo para su cumpleaños. “Tengo 52 años y sufro de vértigo y tengo ataques de pánico. Al llegar a los 50 me di cuenta de que si seguía así nunca iba a poder conocer nuevos lugares”, explicó.

Lourdes, a punto de embarcar

Lourdes, a punto de embarcar

Su plan incluía no sólo perder el miedo a volar sino también superar el miedo al agua. “Por eso el año pasado me subí a un gomón en las Cataratas del Iguazú. Este año me tocaba hacerle frente al miedo a las alturas. En realidad, tenía mucho miedo a lo que iba a sentir durante el vuelo; me preocupaba el encierro. Aunque al mismo tiempo pensaba que si vamos a los hechos y vemos las estadísticas, el avión es mucho más seguro que ir por la ruta”, reflexionó.

Desde hace 10 años Andrea se ocupa de la limpieza de un restaurante. Con una familia a cargo, ya que es viuda, ella era consciente de que su sueño era un poco costoso, pero igual siguió adelante y les preguntó a sus hijos si la acompañaban. Enseguida Lourdes y Juan Ignacio le dijeron que sí, ellos tampoco habían volado.

Justo le hacían una fiesta sorpresa a su primo Horacio, así que Andrea aprovechó y sacó los pasajes para viajar de Mar del Plata a Buenos Aires.

Tenía todo planeado con lujo de detalles: ella eligió el asiento del pasillo junto a su hijo Juan, de 18 años, que ya sabe qué hacer si ella tiene un ataque de pánico. En la fila de atrás, en la ventanilla, viajaba su hija Lourdes.

Juan Ignacio mirando por la ventanilla

Juan Ignacio mirando por la ventanilla

“La cuestión es que cuando estábamos por subir al avión, mi hijo me dijo que no podía subir. Que si eso iba a ir por el aire, que no iba a poder”, comentó Andrea, que con ayuda

de Lourdes lograron contener a Juan y subir los tres al avión.

Hasta que llegó el momento del despegue y al abrocharse los cinturones, Andrea les dijo a sus hijos: ¡Ya está! Ahora a disfrutar. “Y así lo hicimos. Lo pasamos bárbaro. Llegamos en 45 minutos. Como viajamos a la tarde, pudimos ver el atardecer en el horizonte, la ciudad desde arriba. A la vuelta, viajamos a la mañana. El aterrizaje en Buenos Aires también fue increíble. Me sentía como despertando de un sueño”.

Sin duda, fue su mejor regalo de cumpleaños. “¡Fue tan lindo que ni siquiera encuentro palabras para describirlo! Ya estamos pensando en el próximo vuelo. Si Dios quiere esperamos que esta vez sea un vuelo más largo. Volar es súper recomendable“, compartió.

Andrea sabe que ahora vendrán meses duros, ya que tiene que pagar las 12 cuotas del viaje. Pero, ¿quién le quita lo volado?

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