“Las TCP me ayudaron durante todo el vuelo”

Tenía mucho miedo a los aviones hasta que en 2017 se animó a hacer un viaje con su novio y le fue muy bien. Ahora decidió volar de nuevo, pero sola. Y lo consiguió, aunque con mucho, mucho esfuerzo. 

En menos de un año pasaron muchas cosas en la vida de Paula Monzón, de 24 años: se recibió de obstétrica y…¡logró volar dos veces! Parece que fuera ayer cuando nos escribió tímidamente para pedirnos algún consejo para su viaje a Bolivia, con su novio. Había viajado de chica y después nunca más se había podido subir a un avión.

aula Monzón, en un avión después de 20 años

Su primer vuelo después de 20 años

Ahora, 9 meses después, nuevamente nos contactó. Pero esta vez, “por cábala”. “En diciembre me recibí de Obstétrica y mis padres me regalaron un pasaje para ir a visitar a mi novio que se fue a vivir unos meses a Madrid. Lo extrañaba tanto que no me aguanté y compré los pasajes, todo muy a las apuradas”, contó Paula.

Como estaba con exámenes, no pensó mucho en el viaje cuando sacó el pasaje. “Empecé a caer realmente en que me estaba por ir sola y que iba a viajar 12 horas en avión, unos días antes”, relató.

Hasta que llegó el día. Volaba por Aerolíneas Argentinas. Su vuelo salía a las 23.55 y cuando sus padres la llevaron al aeropuerto, no podía parar de llorar. La acompañaron a hacer todos los trámites porque ella sentía que no podía hacer nada sola.

Al entrar a Migraciones se despidió de sus padres y ya unos minutos más tarde los estaba llamando. También a su novio. “Ellos me ayudaron mucho a sacarme los pensamientos malos que se me aparecían constantemente. Cuando llegó la hora de embarque, para no perder la costumbre yo seguía llorando y me animé a hablar con los TCP (tripulantes de cabina de pasajeros). Les conté que tenía mucho miedo. Fueron muy buenos conmigo, me animaron un montón y se preocuparon por mí durante todo el vuelo”, describió Paula.

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Y acá viene la mejor parte: porque el avión se demoró 3 horas en salir por problemas técnicos. Esto es una prueba difícil para cualquier aerofóbico. Casi una tentación para pedirle a los TCP que abrán la puerta y bajarse. Sin embargo Paula reconoce que esas horas la ayudaron a adaptarse al avión. De hecho, llegó un momento que estaba tan cansada que hasta quería que el avión despegue. “En ese momento, volvió el miedo y el llanto y a falta de una mano para apretar, apreté con toda mi fuerza un rosario que siempre llevo. Con la otra mano, me agarré fuerte del asiento y puse a todo volumen la misma canción que escuché casi un año atrás. Es un tema de Alex Ubago”.

En total Paula estuvo 15 horas en el avión. “El vuelo fue tranquilo, hubo momentos de turbulencia pero tranquilas y la verdad que me permití disfrutarlo. A pesar de que no anduvo la pantalla, escuché música, leí un libro y hasta pude dormir. El aterrizaje volvió a activar el miedo y las lágrimas”.

En Madrid, visitando a su novio

Paula en Madrid

Para el regreso, el 30 de enero, y después de unas vacaciones inolvidables (sic) Paula volvió a repetir la cábala de siempre: hablarnos a nosotros, apretar el rosario, el asiento y poner la misma canción a todo volumen. Pero algo faltó: “En el vuelo de regreso no lloré ni en el despegue, ni en el aterrizaje. Pude disfrutar de la pantallita y pude distinguir lo que me da miedo: el despegue. En el resto, estoy bien y lo puedo disfrutar. Para mi es muy importante porque no soy fanática de los aviones pero ahora sé qué es lo que me da ansiedad y ya no siento terror a todo como antes. Ahora todos me dicen que soy una experta. No me considero experta para nada pero sí estoy muy orgullosa de saber que puedo”.

……….

Algo nos hace pensar que las mujeres que entrarán a la sala de partos y se encontrarán con Paula tendrán la suerte de que les agarre la mano ella, que sabe muy bien lo que es tener miedo y enfrentarlo.

 

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