“La fobia no guarda proporción con el peligro”

Si tenés miedo a volar seguramente ya te preguntaste de dónde surge el miedo más de una vez. Perdón, más de una vez por minuto, especialmente los días previos a un viaje, si es que tomaste la decisión de subirte a un avión igual, por más de que no sea lo que más te guste en la vida.

Cuando la ansiedad es intensa, lo más conveniente es prepararse con tiempo. Ya sea yendo a un curso, contactando a un especialista en fobias o consultando a un psicólogo. Así lo explica el Dr. Martin N. Seif, médico clínico especializado en desórdenes de ansiedad, que sufrió en carne propia los efectos del miedo a volar, en un artículo publicado por la Asociación de Ansiedad y Depresión de América (ADAA, su sigla en inglés).

“Superar el miedo a volar requiere de mucho coraje y práctica. Pero es posible superarla con el tratamiento adecuado. Yo nunca había volado hasta que cumplí los 30 años y enfrentar mi propio miedo a volar fue uno de los desafíos más difíciles de mi vida”, confiesa.

Según el experto, un primer paso es identificar los disparadores que producen la ansiedad. Muchas de las personas que sufren de aerofobia también padecen de claustrofobia o miedo a estar encerrado en el avión y no tener la posibilidad de elegir cuando bajarse.

“La fobia es un miedo intenso que no guarda proporción con el peligro. La mayoría de los fóbicos al vuelo están de acuerdo con que los aviones son seguros, pero así y todo tienen miedo”, expresa el Dr. Seif.

Los principales disparadores del miedo

Pensamientos, imágenes, sensaciones y recuerdos que nos han sensibilizado. Una persona que tiene cierta sensibilidad a determinadas sensaciones corporales tendrá miedo a las turbulencias o al despegue o aterrizaje. Quienes temen a las alturas podrán sentir miedo de sólo pensar en estar mucho tiempo a tantos metros de distancia de la tierra.

Hay más disparadores que pueden generarnos ansiedad: el despegue, el aterrizaje, que el avión sufra un desperfecto, el terrorismo, ansiedad social o estar muy lejos de casa. Otras personas tienen miedo de enfermarse, usar el baño o incluso están las personas que aseguran haber tenido “malos presentimientos que predicen una catástrofe”.

El denominador común en el 90% de los casos de fóbicos al vuelo es el miedo a sentirse abrumados por la ansiedad durante el vuelo.

Incluso la ansiedad a volar puede aparecen en personas que vuelan con frecuencia. Otro dato interesante es que por lo general coincide con una etapa en la que ocurren cambios en nuestra vida como nacimientos, muertes, casamientos, divorcios, graduaciones.

En definitiva, seguir buscando el origen del miedo puede ser un callejón sin salida para la mayoría. Sin embargo es mucho más efectivo aprender a identificar lo que nos dispara el miedo o la ansiedad y adquirir herramientas o recursos para controlarlos.

Sería algo así como reemplazar la pregunta “por qué yo” por “y ahora qué hago para volar mejor”. La recompensa de sentir que “se puede” es tan maravillosa que seguramente nos acompañará en otras cuestiones de nuestra vida. ¡Adelante, mis valientes!

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