El vuelo más largo de mi vida

Hoy es un día muy especial. Finalmente y después de 22 años del primer intento, me subiré a un avión rumbo a Europa.

En realidad hice un viaje más largo, cuando en el 2012 volé a California. Pero tuve tres escalas: Buenos Aires – Atlanta (10 horas, 25 minutos), Atlanta – Salt Lake City (3 horas, 40 minutos), y por último Salt Lake City – San Francisco (2 horas, 20 minutos).

Esta vez tomaré 4 aviones en total, pero el tramo más largo es el de Buenos Aires – Madrid (12 horas).

Una sola vez estuve muy cerca de conocer Europa. Fue a principios de 1997. Tenía unos ahorros, no tenía hijos y ya había reservado los pasajes en una agencia que quedaba cerca de mi trabajo. Pero antes de pagarlos, me enteré que estaba embarazada y  después de dar muchas vueltas, decidimos cancelar el proyecto “viaje” para usar los ahorros para mudarnos a un departamento más grande.

Un mes después también cancelaría otro viaje: ir a Chile al casamiento de una amiga. Pero esa vez ya tenía los pasajes pagados.

Pasarían 12 años hasta que volviera a viajar en avión. Pero en ese momento no lo vi con mucha claridad: siempre tenía la excusa perfecta para quedarme en tierra, más segura, más cómoda, por lo menos así lo veía en ese momento.

Desde el blog o desde las redes, muchos nos contactaron para pedir algunos tips para un viaje largo. Así que hoy pondré en práctica mis propios tips:

  1. Ponerme de fondo de pantalla una foto del lugar adonde viajo primero. Para reforzar la idea de que gracias al avión podré estar ahí en unas horas. ¡Lo escribo y casi que se me escapa una lágrima!
  2. Descargarme una temporada entera de una serie que tenía ganas de ver. Elegí “Lovesick” que tiene 3 temporadas. No fue fácil la elección porque quise buscar una serie que no fuera sobre asesinatos ni asesinos seriales, tampoco algo demasiado dramático. Así que veremos.
  3. Me compré un cuaderno (con lunares, como los del colegio) para llevar un diario del vuelo y poder poner en papel los momentos en que me sentí más y menos relajada.
  4. Ya hice el check in y miré el mapa del avión. También me agendé en notas y en el calendario el código de reserva, para poder hacer el check in de los siguientes vuelos más rápido.
  5. Me descargué playlists de spotify. La primera, la lista colaborativa de Miedo a los aviones, en la que muchos de ustedes agregaron canciones que los ponen de mejor humor; en segundo lugar una meditación guiada específica para el avión, se llama Fly Calm Program, de Steven Halpern, y nunca la llegué a usar porque siempre me olvidé de descargarla antes. La uso para dormir muchas veces.
  6. Me llevo un spray nasal que me indicó una otorrinolaringóloga para ver si puedo evitar el dolor de oídos que tengo cada vez que el avión despega.
  7. No llevo carry on, solo una valija, una cartera tipo bandolera para llevar los documentos, boarding pass y birome, y una mochila. Pero me di cuenta que ir con el carry on más la valija me resulta estresante porque me obliga a estar pendiente si camino por el duty free para distraerme antes de embarcar.

Desde que surgió el viaje, que fue hace unas pocas semanas, muchos me preguntaron si estaba nerviosa. La respuesta es sí. Otros me preguntaron si estaba contenta. Sí, feliz. Y por supuesto, también escuché algunos comentarios del tipo “pero vos ya no tenés miedo”. La verdad que no. En estos últimos años aprendí tanto de aviones y de lo seguros que son que no tuve una sola idea caótica o catastrófica como las que tenía antes. No pensé en accidentes, ni en tormentas, tampoco en turbulencias. Así y todo, tuve mi momento clásico de “y para qué”. Y tal vez lo tenga siempre. Cada vez que tengo un vuelo, tengo la vocecita que me dice: “Pero vos sabés que podrías decir que no y evitar entonces la taquicardia, las manos que te transpiran cuando empieza a carretear”. Como dice el Lic. Nicolás Machín, de quien estoy aprendiendo muchísimo en cada curso para superar el miedo: “¿Tenés ansiedad antes de volar? Es normal, báncatela”.

Así que ese es mi desafío ahora: tengo una cita de 12 horas en un tubo de metal que antes me generaba mucho miedo. Si analizo la información que fui recogiendo durante este tiempo, podría traducirlo en “voy a estar durante medio día en un lugar que es 19 veces más seguro que si estuviera en la ruta”.

Lo que sé, es que estoy a unas horas de decir: lo logré. Y eso vale más que unas manos transpiradas o un corazón que palpite un poco más rápido que lo común.

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6 Respuestas a “El vuelo más largo de mi vida”

  1. Gracias Carola por confiar en nosotros, una caricia para el alma leerte, tu experiencia es parte de nuestra historia y nos hizo crecer a todos; gracias por compartirla.

  2. Hola Carola ! Finalmente llegó el día tan ansiado por vos, para el mío faltan 2 meses aún , ya estoy ansioso de que llegue y de ver cómo lo manejo. Voy a utilizar los tips que contás y ojalá me sirvan !!!

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